Este fenómeno permitió que las auroras boreales fueran visibles mucho más al sur de lo habitual, alcanzando zonas de Estados Unidos e incluso regiones de México como Ciudad de México, Nuevo León y Baja California, según reportes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el Servicio Meteorológico Nacional.
La perturbación del campo magnético terrestre no solo ofreció un espectáculo luminoso inusual, sino que también generó alertas por posibles efectos en redes eléctricas, comunicaciones y satélites.




