Massive Caller soltó su medición del fin de semana y los números traen a más de uno sacando cuentas en la servilleta. Si bien Morena aparece con una ventaja porcentual, en Chihuahua la lectura es otra, la gente en lo local y a nivel estatal tiene claro que la alianza es el camino. El detalle es que mientras las bases piden unión, los líderes a veces prefieren el desplante. Jorge Romero, como jefe nacional del PAN, ha mandado señales de ir por cuenta propia, pero aquí los que saben de matemáticas electorales advierten que sin el bloque opositor el escenario se pone cuesta arriba.
Lo que le pone sabor al caldo son las tiradas al piso de Alejandro Domínguez, quien se ha aventurado a decir que sin el PRI, los del PAN tendrían un pie en la cárcel. Ese tipo de declaraciones, lejos de unir, parecen patadas bajo la mesa que solo complican el acuerdo. Matemáticamente, si la oposición no se junta, le están facilitando el terreno a la 4T, pero con esos ánimos de catalogar al aliado como futuro huésped de San Guillermo, la negociación se vuelve un campo minado. Veremos si al final puede más la necesidad de ganar que las ganas de andar repartiendo culpas antes de tiempo.
¿Será que Domínguez piensa que asustando con el petate del muerto va a lograr mejores posiciones en la mesa, o simplemente está dinamitando el puente por donde todos tienen que pasar si quieren llegar al 27?
El run run en los pasillos guindas suena cada vez más fuerte y todo indica que la desbandada en Morena es inminente. Dicen los que saben que en las próximas semanas veremos una cascada de solicitudes de licencia, pues la consigna es que para antes del verano ya debe haber humo blanco sobre quién llevará el estandarte para la gubernatura. Cruz Pérez Cuéllar, Andrea Chávez y hasta Mayra Chávez ya estarían preparando las maletas administrativas para lanzarse de lleno al proselitismo. En la lista también se asoma Juan Carlos Loera, quien aunque le tira a lo grande para ver qué rescata, muchos aseguran que su verdadera apuesta sigue siendo la alcaldía de Juárez. La idea es clara, soltar el hueso pronto para que el tiempo les alcance a recorrer el estado y posicionarse antes de que el calor apriete.
Pero en el PAN no se quedan atrás y también traen prisa por ganarle tiempo al tiempo. La raza jura y perjura que para septiembre de este año ya debe haber una definición clara sobre su candidato o candidata. La tirada de los azules es tener el nombre listo con mucha anticipación para aplicar la operación cicatriz, sanar las heridas que deje el proceso interno y permitir que quien resulte ganador pueda darle varias vueltas al estado. Saben que entre más pronto definan, más margen tendrán para aceitar la maquinaria y enfrentar la embestida que viene desde el centro del país. La carrera ya comenzó y el que se duerma en sus laureles corre el riesgo de quedarse viendo pasar el tren del 2027.



