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Columna política miércoles 11 de marzo de 2026

El fallecimiento de Bernabé Valdez Urbina, mejor conocido como Becho, nos ha entristecido a muchos de los que compartimos la vida y la charla con él durante tanto tiempo. Hijo del recordado militar El Primero Valdez, Bernabé fue un agudo y satírico observador de la realidad deliciense, dueño de una rica sabiduría pueblerina y de un sentido del humor tan filoso que más valía no tomar en serio, so riesgo de terminar con un coraje entripado. Fue pilar y testigo del nacimiento del barrio de la Laguna Seca, vecino de siempre de Alfonso Amparán y un hombre que llevó con orgullo su paso por el Ejército en el arma de caballería.

Jubilado del ISSSTE y priista de cepa, Becho deja un hueco difícil de llenar en las tertulias donde su palabra siempre ponía el punto sobre la i. Hoy le decimos adiós con un sentimiento encontrado: profundamente tristes por su partida, pero inmensamente felices de haber compartido tantos años con un personaje de su talla. Su legado queda en las anécdotas de la Laguna Seca y en el recuerdo de quienes disfrutamos de su ingenio inagotable. Descanse en paz un hombre que supo vivir la vida con intensidad y que siempre tuvo una frase oportuna para describir el mundo que le tocó habitar.

Vaya chirrión que le salió por el palito al profe Casillas y a su grupo de nostálgicos del socialismo aquí en Delicias. Todo empezó mal desde la reunión donde pretendían anunciar con bombo y platillo su colecta de víveres para la isla. El evento se les convirtió en un funeral político cuando un grupo de cubanas residentes en la región llegaron a reventarles el protocolo. Con la realidad grabada en la piel las isleñas les gritaron en su cara que el verdadero bloqueo no viene de afuera sino de la cúpula que los oprime. Les exigieron que en lugar de mandar latas de atún mejor se solidarizaran pidiendo que el régimen deje Cuba pues intentar ayudar a una dictadura frente a quienes huyeron de ella buscando libertad fue visto como un insulto supremo.

A pesar del oso inicial los organizadores decidieron seguir adelante y se instalaron a un costado de la Presidencia Municipal, frente al Reloj Público, para recabar los donativos. Fue ahí donde les terminó de tronar el cohete en las manos pues en las redes sociales la tunda fue pareja y sin anestesia. Los ciudadanos les llovieron con todo cuestionando para qué recolectan si la ayuda probablemente termine empaquetada con los logos de la 4T y el Bienestar en el centro del país. La gente en Delicias no se anduvo con rodeos y les recordó que para encontrar gente necesitada no hace falta mirar hacia el Caribe, sino hacia nuestra propia Sierra Tarahumara donde el hambre también cala hondo. Para rematar, al igual que el apoyo en las redes, la colecta ha sido poca.

Aquí ya nadie compra esos discursos románticos que solo sirven para lavarle la cara a un sistema que tiene al pueblo cubano sin comida y sin electricidad. Es el colmo del cinismo que pretendan defender al régimen castrista mientras los cubanos de verdad están en las calles protestando por su libertad. A don Ernesto Casillas le quedó claro que el mundo ya no perdona ni olvida a los cómplices del desastre cubano. Muy tarde les llegó la intención de su ayuda humanitaria pues entre los reclamos de las cubanas y el rechazo de los delicienses en redes se demostró que el show de la izquierda local ya no tiene público en el desierto.

La mudanza y reubicación de las oficinas municipales en Delicias no es solo un cambio de domicilio, sino una estrategia de eficiencia administrativa que ya comenzó a notarse en el presupuesto. El histórico edificio frente al Reloj Público está viviendo una transformación profunda para concentrar lo que llamamos la parte calientita de la gestión pública. Se quedan ahí las dependencias que tienen el pulso diario con la ciudadanía como el despacho del alcalde, la Secretaría Municipal y el área de Gobernación. A este inmueble se incorporan ahora direcciones clave de atención directa como Gestión y Participación Ciudadana con Esteban Grajeola. Además de Servicios Públicos Municipales con el inge Carlos Rodríguez. También Pily Castañeda y su equipo de Grupos Vulnerables se mudan a Palacio Municipal junto con el área de Comunicación Social y Eventos, logrando que el ciudadano encuentre todas las soluciones de apoyo social en un mismo punto céntrico.

Por otro lado el edificio remodelado de lo que antes fue Banrural allá en la zona de la Plaza Carranza se convierte ahora en el cerebro administrativo y financiero de la ciudad. Bajo el mando de Homero Beltrán del Río, todo el aparato de Finanzas que incluye Recursos Humanos y Catastro, ya opera desde estas modernas instalaciones. A este bloque técnico se sumaron el Instituto de Planeación con Luly González y Desarrollo Económico encabezada por Jorge Issa. Esta zona fría por así decirlo concentra las áreas de planeación y estrategia que no requieren la gestoría masiva de programas sociales, pero que son el motor que hace caminar la maquinaria del gobierno.

El gran acierto de este movimiento estratégico es el ahorro sustancial en el pago de rentas que el municipio venía arrastrando por tener dependencias y descentralizados dispersos en diversos locales de la ciudad. Al concentrar todo en edificios propios, no solo se cuida el dinero de los delicienses, sino que se agilizan los procesos internos al tener a los equipos trabajando bajo el mismo techo. Es una jugada donde todos ganan, pues el ciudadano ahora tiene perfectamente identificado a dónde acudir según su necesidad: al viejo Palacio Municipal para la gestión humana y el apoyo directo, o al edificio de la Carranza para los temas de finanzas y proyectos de crecimiento. Enhorabuena por esta visión de orden que ya urgía para modernizar el servicio público en nuestra ciudad.

Para el próximo 23 de abril dentro del marco del Festival de la Fundación ha quedado programada la presentación del libro El Sesteo de los Gansos del maestro Arturo Ramos Jáquez. Hablar de Arturo es referirse al gran escritor costumbrista de nuestra región, un verdadero vigía y guardián del lenguaje que se niega a morir. Su pluma rescata los bellos y poéticos modismos idiomáticos de antes, esos que le daban sabor y elegancia a la charla cotidiana en el desierto. Ramos Jáquez acaba de regresar de la Escuela Normal de Ayotzinapa, de donde es orgulloso egresado, tras presentar esta obra con un éxito rotundo entre sus colegas y las nuevas generaciones de maestros.

Ahora toca el turno de recibirlo en casa y la cita será en el mezzanine del Centro Cultural para celebrar la riqueza de nuestra lengua. Es una oportunidad de oro para reencontrarse con el léxico que nos dio identidad y que Arturo Ramos ha sabido rescatar del olvido con una maestría envidiable. En un mundo donde el lenguaje parece cada vez más plano y simplón, el regreso de este guardián de las palabras es un bálsamo para los que todavía apreciamos la buena narrativa. No falten a esta cita con la historia y el costumbrismo, pues escuchar a Arturo es siempre garantía de un viaje fascinante hacia las raíces de nuestra propia forma de hablar y de entender el mundo.

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