El proyecto fue desarrollado por Sony Pictures Animation, el mismo estudio responsable de “Spider-Man: Into the Spider-Verse”, con un presupuesto cercano a los 100 millones de dólares. Sin embargo, en plena pandemia, Sony decidió vender los derechos de la película a Netflix como una estrategia de seguridad.
De acuerdo con el analista de la industria Matt Belloni, el estudio apenas obtendrá alrededor de 20 millones de dólares en ganancias, mientras que todo el éxito posterior, desde récords de audiencia en la plataforma hasta la expansión musical del grupo ficticio, pertenece completamente a Netflix, actual dueño de la propiedad.
Lo que parecía un movimiento estratégico en su momento terminó siendo una oportunidad perdida. La expectativa era que “KPop Demon Hunters” se integrara al catálogo de Netflix como un contenido más, generara conversación durante algunos días y luego quedara en el olvido, algo habitual dentro de la dinámica de estrenos en streaming. La realidad superó esas previsiones.
A siete semanas de su estreno, la película sigue siendo el título número uno en Netflix a nivel global, algo nunca antes visto en la plataforma. Además, se ha posicionado como la segunda película más vista en la historia del servicio, con posibilidades de superar a “Red Notice”, que ocupa el primer lugar.
En paralelo, el impacto musical ha sido igual de contundente. El grupo ficticio HUNTR/X logró posicionar su sencillo “Golden” en la cima de las listas más importantes, alcanzando el número uno en Billboard Hot 100. Con este logro, se convirtieron en el primer grupo de K-Pop en ocupar esa posición y en el primer grupo femenino en conseguirlo desde Destiny’s Child.
Este doble éxito ha llevado a que Netflix considere a “KPop Demon Hunters” como su equivalente a “Frozen”, la exitosa franquicia animada de Disney que recaudó miles de millones en taquilla y productos derivados.
El fenómeno no se quedará en una sola película. Según reportes, Netflix ya planea convertir “KPop Demon Hunters” en una franquicia de largo alcance, con una trilogía de películas animadas, una posible adaptación en acción real e incluso un espectáculo escénico.
Aunque algunos críticos consideran que una versión con actores podría alejarse del concepto original, la ventaja es que las intérpretes de las voces de los personajes animados comparten un gran parecido físico con sus alter egos en pantalla, lo que facilitaría la transición a otros formatos.




