Chihuahua no estuvo fuera del radar presidencial, pero tampoco fue tratado como plaza consentida. La quinta visita de Claudia Sheinbaum al estado dejó claro que, para la Federación, esta tierra es más símbolo que bastión: frontera sensible, sierra histórica, termómetro político… pero no aún prioridad clásica del centro.
No fue casual que la presidenta evitara la capital. En un entorno que hoy luce más favorable a la 4T de lo que muchos opositores quisieran admitir, Chihuahua sigue siendo la joya que el panismo defiende con uñas y dientes. Sheinbaum optó por mandar señales desde otros frentes: primero, el músculo institucional en Santa Gertrudis, bajo el cobijo de la Sedena; después, la deuda histórica con los pueblos originarios en Guadalupe y Calvo; y finalmente, el apapacho político en Ciudad Juárez.
El mensaje fue claro: la agenda federal se construye desde la sierra hasta la frontera, no desde el centro político tradicional del estado. La presencia de medio gabinete federal —Bienestar, Educación, Desarrollo Territorial, Infraestructura— no fue protocolo, fue advertencia. Aquí habrá programas, pero también exigencia de coordinación real con el gobierno estatal y los municipios.
En la grilla fina, hubo ganadores visibles. Cruz Pérez Cuéllar salió fortalecido, con lugar privilegiado y trato cercano. Ariadna Montiel, sin decirlo, volvió a caminar como figura clave rumbo al 27. Mayra Chávez, Andrea Chávez y Juan Carlos Loera aparecieron, cada quien marcando territorio.
En el fondo, flotó el tema incómodo: el agua. Desde Juárez, la presidenta aseguró que hay suficiente en las presas, pero la duda persiste en el campo chihuahuense. Nadie quiere que el ajuste salga del Conchos. Ese expediente sigue abierto… y puede incendiar la conversación política más temprano que tarde.
Sheinbaum se fue satisfecha, con respaldo militar, acuerdos políticos y fotos bien cuidadas. Chihuahua, mientras tanto, entendió el mensaje: la capital no fue ignorada, fue deliberadamente omitida. Y cuando eso pasa en política, nunca es casualidad.
La derecha política en América está ganando terreno y eso ya se siente en el mapa electoral regional. En Chile, el conservador José Antonio Kast fue electo presidente con alrededor del 58% de los votos, derrotando a la candidata de izquierda confirma un giro hacia políticas más derechistas en ese país.
En Honduras, continúan bajo un ajustado conteo de votos entre el conservador Nasry Tito Asfura y el líder liberal Salvador Nasralla, en un escenario donde la interpretación de resultados y las acusaciones de fraude han generado tensión política.
Este avance de fuerzas de derecha en varias naciones de América, junto con las políticas anti woke de Donald Trump, está siendo leído por sectores conservadores como una ola regional que puede reforzar aspiraciones opositoras en países como México. En ese contexto, figuras como Ricardo Salinas Pliego, que ya suena como posible perfil rumbo al 2030, comienzan a encontrar mayor impulso político y mediático frente a la 4T.
Las dos damas. Danny Rodarte y Liliana Issa han hecho una pausa en sus precampañas políticas. La causa: la temporada navideña. Aunque eso de la pausa es un decir: no se pierden una posada. Ambas dicen que quieren ser candidatas. Así que, pasado el puente Guadalupe-Reyes, acelerarán su taconeo.
Los tres varones. Mabeto Mata, Esteban Grajeola y Juan Carlos Velasco, los tres panistas también siguen en sus propósitos electorales. Posadas, tanto en su nueva modalidad de desayunos como en los horarios tradicionales, les hacen al Santa Claus: en las fiestas decembrinas del trabajo, de la familia y o con los amigos. No se pierden una. Los tres van por lo mismo: la muy solicitada candidatura a la diputación local. Hasta el momento, no hay más tiradores, pero siempre sale un tapado de último momento.



