«No se puede decir mucho», así advirtió la Presidenta al Secretario de la Defensa Nacional mientras le pasaba el micrófono en la mañanera, una frase que se hunde en el fango donde generaciones de mexicanos hemos vivido frente al poder político, siempre en la penumbra, salir de esa oscuridad fue la ilusión de los millones que en 2018 votaron por una alternativa, algo que siete años después sigue sin llegar y la oscura muerte del Mencho confirma que nunca llegará.
Hay consideraciones obligadas sobre lo sucedido ese domingo inolvidable. Primero, la gran negativa de lo evidente y público que fue la intervención de Estados Unidos en el macabro show exhibido en tiempo real en las redes acerca del fin del Mencho, pues mientras el gobierno habla de soberanía, los drones y la inteligencia extranjera dictaban el ritmo de la operación que terminó con el líder del CJNG.
Segundo: queda en el aire la pregunta sin respuesta oficial de por qué lo subieron herido a un helicóptero rumbo a la CDMX, en vez de llevarlo a atender a un punto cercano, el pueblo sabe la verdad: lo querían muerto en el camino por temor a que declarara lo que sabe e implicara a medio México, el silencio de un cadáver siempre es más cómodo para el sistema que la lengua de un capo en el estrado.
Tercero: está la apresurada declaración presidencial de que el país está en paz, un discurso que choca con la realidad de un México que aún arde y sangra por los hechos del domingo, mientras tanto, la orden disimulada al General Secretario de que hablara poco fue el sello de la casa, una mordaza frente a los micrófonos nacionales que dejó más dudas que certezas sobre quién manda realmente en los operativos de alto impacto.
Y qué decir del llanto público del militar, nos preguntamos si sería por los soldados de la Fuerza Especial Conjunta que estaban bajo su responsabilidad y murieron en combate, o porque hirieron su pundonor al callarlo delante de todo el país, al final, el colofón trágico de este episodio es la pregunta que nadie responde: ¿Y dónde está el cadáver? esto no podía faltar en un episodio que México ha vivido desde que es México, en la más absoluta y conveniente oscuridad.
Preparen los pañuelos y las cámaras, porque hoy en el Gran Estadio de Béisbol en Delicias se va a llenar no de jonrones, sino de «chiquitines» de tercero de primaria que van con toda la ilusión a echarle pulmón al Juramento a la Bandera, una escena que año con año nos recuerda que el patriotismo empieza con un uniforme bien planchado y el nudo de la corbata un poco chueco, pero con el corazón puesto en el verde, blanco y rojo.
Ahí andará el alcalde Jesús Valenciano, muy formal y atento, tomando el juramento a estas nuevas generaciones de delicienses que, entre el sol de la mañana y la emoción de estar en el estadio, seguramente nos regalarán las mejores postales de civilidad, el Gran Estadio Delicias se transformará en el escenario perfecto para que las autoridades municipales y educativas vean de cerca el relevo generacional, ese que mañana prometerá lealtad a la patria con esas voces agudas que siempre terminan por conmover hasta al más serio.
Se espera que el ambiente sea totalmente familiar, con papás orgullosos tratando de localizar a su «bendición» entre el mar de uniformes blancos, una logística que ya se sabe de memoria pero que nunca deja de ser especial porque es el primer gran compromiso público de los pequeños con su país.
Mientras en Delicias la fiesta es en el diamante, en Chihuahua capital la gobernadora Maru Campos hará lo propio allá en El Palomar, donde la bandera monumental siempre impone su respeto.
Desde el Consejo Municipal de Morena en Delicias la lista de quienes ya levantaron la mano para el próximo proceso electoral sigue creciendo, y a los nombres que ya circulaban se suman ahora figuras que traen el respaldo de la estructura oficial y trabajo territorial.
En esta lista que ya es pública en los comités aparece Rocío Beltrán del Río, actual coordinadora regional de Bienestar y excandidata a la diputación local en 2024, quien busca capitalizar su experiencia previa para volver a la boleta. Junto a ella se mantiene vigente la doctora Nora Agüeros, quien sigue en la pelea y busca repetir color, lo que pone sobre la mesa una duda interesante dentro del Consejo: habrá que ver cuál de los dos Agüeros, si ella o su hermano Jaír, termina colándose al final en la boleta, porque es difícil que el espacio alcance para ambos.
A estos nombres se añaden los ya mencionados Luis Alonso Madrid como perfil ciudadano, Ulises Ramírez desde el área de Bienestar y el regidor Aldo Urzúa. También está presente el empresario Luis Villalobos, a quien se le ha visto desgastar la suela del zapato recorriendo colonias y repartiendo publicidad de forma masiva.
Sin embargo, el factor que sigue causando urticaria en la militancia es el de Eliseo Compeán, quien ya se anotó en la lista de interesados, pero carga con un rechazo generalizado en las bases guindas, para los fundadores y el consejo. Los antecedentes de Compeán son un obstáculo insalvable, pues consideran que su intención de aspirar a una candidatura apenas aterrizando en el partido es un despropósito frente a quienes sí tienen identidad con el movimiento.
Así se cierra, por ahora, el tablero de los aspirantes en Morena Delicias, una mezcla de funcionarios federales, perfiles ciudadanos, empresarios que andan a pie de calle y un invitado de origen azul que no termina de encajar en el rompecabezas. La moneda está en el aire y la filtración deja claro que la lucha por los espacios en la boleta será una guerra civil, o ¿alguien lo duda?




