Después de la captura de Nicolás Maduro vino el libreto esperado. Inocente, perseguido, secuestrado y ahora prisionero de guerra. El problema no es el discurso, es el expediente. En Washington se comenta que las piezas que faltaban llegaron por la vía menos romántica, testigos protegidos del narco que decidieron hablar antes de pudrirse en una celda, osea, Los Chapitos. Cuando el barco se hunde, nadie cuida secretos.
Las acusaciones no son nuevas. Venezuela como puente, México como ruta con los cárteles de Sinaloa y Los Zetas como transportistas, Estados Unidos como destino. La mercancía pasaba en avión diplomático, o sea, que las autoridades estaban al tanto. Y si quienes están cantando son peces gordos, el juicio promete capítulos incómodos para más de un país. Por eso Caracas ya manda señales diplomáticas de cooperación, porque cuando la justicia estadounidense toca la puerta no se pregunta si quieres abrir.
Desde la Casa Blanca, Donald Trump no se anda con rodeos. EU manda y va por resultados. El petróleo está sobre la mesa y algunos gritan imperialismo. Curioso, porque cuando Cuba, China y Rusia se asomaron por Venezuela nadie preguntó si buscaban recetas de arepas. El crudo siempre fue el premio y ahora la diferencia es que alguien quiere producirlo y mover la economía.
La derecha avanza en la región y la presión escala. México aparece una y otra vez en las acusaciones, cárteles, rutas, omisiones. Trump dice llevarse bien con la presidenta, pero insiste en que el país está tomado por el crimen. No es cariño, es advertencia. Los analistas ya hablan de que la siguiente narrativa apunta al norte del continente, porque lo que salió en el expediente de Maduro no se va a archivar por cortesía.
Esto no va de ideologías, va de poder. Y cuando los gringos deciden mostrar músculo, primero mandan el mensaje, luego pasan lista. Maduro lo está entendiendo a la mala. Los demás harían bien en leer entre líneas.
El rumor en el PAN ya no es chisme de café, para agosto podría venir la definición del género y con eso abrir la puerta al nombre del candidato a la gubernatura. La jugada no es capricho, es cálculo. Definir con tiempo permite que todos respiren, se acomoden y empiecen a sonreír aunque sea con dolor de muela.
Después vendría lo de siempre, pero necesario la operación cicatriz y la unidad alrededor del proyecto o de la figura elegida. Que nadie se sienta excluido, que todos se sientan necesarios y que los inconformes recuerden que también hay futuro si saben esperar.
La ventaja mayor es el tiempo. Con una definición temprana, la persona elegida tendría margen suficiente para recorrer camino y hacer campaña hasta junio del 27 sin prisas.
Al parecer los panistas con quieren madrugar por gusto, sino de no correr con los zapatos desabrochados. Porque llegar antes no garantiza ganar, pero llegar tarde casi siempre garantiza sudar de más.



