ROMA, ITA. — En un hecho que ha sacudido las estructuras del deporte global, el presidente de la Federación Italiana de Futbol (FIGC), Gabriele Gravina, ha presentado su renuncia irrevocable este jueves 2 de abril de 2026. La decisión se produce tras la estrepitosa eliminación de la selección nacional en la repesca mundialista frente a Bosnia y Herzegovina, marcando la tercera ausencia consecutiva de la «Azzurra» en la Copa del Mundo, una situación calificada como una tragedia deportiva sin precedentes.
La salida de Gravina, quien ocupaba el cargo desde 2018 y recientemente había sido reelegido con casi el 100% de los apoyos, ocurre bajo una intensa presión política y social. De acuerdo con el comunicado oficial, el dirigente informó a los presidentes de las federaciones integrantes su retiro inmediato, dejando una vacante que será disputada en elecciones extraordinarias el próximo mes de junio.
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¿Qué informan las autoridades sobre el futuro de la Selección?
Las autoridades deportivas informaron que, tras la renuncia de Gravina, se ha iniciado un proceso de reestructuración profunda que incluye la revisión de los contratos del cuerpo técnico actual. Pese a que el ahora expresidente respaldó la continuidad de Gennaro Gattuso en el banquillo, la presión del Ministerio de Deportes y de diversas fuerzas políticas exige un cambio total en la estrategia de selecciones nacionales. De acuerdo con los reportes, Giovanni Malagó surge como el candidato principal para tomar las riendas y evitar que el descalabro financiero por la ausencia en el Mundial afecte los proyectos de infraestructura programados para este 2026.
Reacciones internacionales y el impacto en la UEFA
La dimisión de Gravina no solo afecta al futbol local, sino que reporta un sismo en la cúpula de la UEFA, donde el italiano se desempeña como vicepresidente primero. El presidente de la organización, Aleksander Ceferin, calificó la salida como una «pérdida irreparable» para el fútbol europeo, destacando la labor del dirigente en las reformas estructurales de los últimos años. Sin embargo, en Italia, el sentimiento de la afición es de alivio ante lo que consideran el fin de una era de fracasos deportivos que han dejado a una de las selecciones más laureadas del mundo fuera del mapa mundialista por más de una década.




