Massive Caller soltó su medición para los municipios y, como ya es costumbre, el ruido no se hizo esperar. El problema de estos ejercicios es que, mientras por un lado presumen metodología, por el otro dejan un tufo a sospecha por los nombres que deciden ignorar a sabiendas de que tienen camino andado. En Delicias, la encuesta pone a Roberto Carreón y Esteban Grajeola al frente de las preferencias azules, lo cual resulta de lo más normal, pues ambos son perfiles activos que están trabajando fuerte. De Roberto ya se sabe que es dos veces diputado, con experiencia legislativa y de gestoría, mientras que Esteban trae mucha talacha partidista y no se pierde evento en las colonias. Lo que llama la atención es que borraran a Mabeto Mata de la encuesta y no lo tomaran en cuenta para medirlo, a pesar de que también anda movido. Este tipo de detalles son los que hacen que la raza voltee a ver si estos números no andan medio amañados por el puro hecho de ignorar a perfiles que están ahí presentes.
Para muestra un botón, y donde la cosa se puso más bizarra fue en el bando de Morena. Pusieron de puntera a Nora Agüeros, pero el segundo lugar se lo dieron a una tal Guadalupe Hernández, que nadie sabe de dónde salió ni por qué aparece en la lista. Lo que termina de confirmar el sospechosismo es que ni siquiera mencionaron a Luis Villalobos, quien trae todo el despliegue y trabajo de campo en las calles, o a Rocío Beltrán del Río, que anda haciendo su talacha desde Bienestar. Si vas a medir el aceite, lo mínimo es meter a competir a todos los que traen el motor encendido, no solo a los que les conviene a quienes pagan la encuesta.
Pero lo que llamó poderosamente la atención fue Ciudad Juárez, donde la encuestadora ya toma en cuenta a Andrea Chávez para la alcaldía. Aunque ella jura que su meta es la gubernatura, en el círculo rojo comentan que esa posibilidad se le pudo haber caído y que ahora la presidencia municipal de Juárez suena como un Plan B o un premio de consolación. En el resto del estado la danza de nombres sigue, con César Jáuregui fuerte por el PAN en la capital y Saúl Mireles en Cuauhtémoc. Al final, estos sondeos de aparador sirven para alimentar la grilla de café, pero poco dicen de la realidad que se vive en las colonias.
El salón de Cabildo en Delicias fue escenario de un momento que pasó de lo emotivo a lo indignante en un abrir y cerrar de ojos. Se trataba de la despedida de los pasantes de medicina que terminaron su servicio social en los centros comunitarios y la bienvenida a los nuevos relevos, todos bajo la batuta del Comusal y la doctora Mercado. Hubo lágrimas, fotos familiares y palabras que calaron hondo, pero el ambiente se prendió cuando el alcalde Jesús Valenciano les soltó una pregunta incómoda: ¿cuánto les paga el Gobierno Federal por jugársela salvando vidas y atendiendo a cientos de delicienses? La respuesta dejó a más de uno con la boca abierta, apenas dos mil pesos mensuales.
La comparación no tardó en salir y caló fuerte entre los padres de familia presentes. Mientras a un médico que se quemó las pestañas estudiando y que hoy atiende urgencias le dan esa miseria, a los ninis que ni estudian ni trabajan les cae una beca de nueve mil quinientos pesos por puro concepto de existir. Valenciano no se quedó de brazos cruzados y calificó la paga federal como una verdadera mentada de madre, comprometiéndose ahí mismo a que el municipio gestione un apoyo para los pasantes que lleguen a Delicias, para que se note que en esta tierra se premia el esfuerzo y el trabajo por encima de la weba institucionalizada.
¿En el Gobierno Federal piensan que los médicos comen de puros agradecimientos, o simplemente están esperando a que los ninis aprendan a recetar paracetamol para que la cuenta les cuadre?
Hace poco más de una semana que anduvimos cerca de la región donde se llevaron a los ingenieros mineros que hoy, lamentablemente, ya son parte de la estadística de sangre en el estado. Para los vecinos de esa zona, el desenlace no fue sorpresa; desde el primer momento los daban por muertos porque en esos rincones la violencia, la extorsión y el secuestro ya se volvieron parte de una normalidad que nadie pidió, pero que todos padecen. Mientras en la Ciudad de México se preparan los gráficos para la mañanera, aquí las familias ya sabían que la esperanza se había agotado mucho antes de que llegara el boletín oficial.
Lo más doloroso no es solo la pérdida, sino el trato que se le da a la tragedia. Si nos pusiéramos en los zapatos de sus familiares o amigos, lo último que querríamos sería ver sus rostros exhibidos en una conferencia donde el guión ya nos lo sabemos de memoria: culpas lanzadas al pasado, estadísticas maquilladas y promesas de justicia que no pasarán de ser palabras al aire. Como seres humanos, resulta repudiable que el luto se convierta en material para el discurso político. Desde la impotencia que genera ver cómo la inseguridad sigue ganando terreno, lo único que nos queda es solidarizarnos con sus deudos y desearles a los ingenieros el descanso eterno que el Estado no pudo garantizarles en vida.
¿Algún día las estadísticas de la mañanera coincidirán con el dolor que se respira en las brechas de Chihuahua, o seguiremos escuchando que todo está bien mientras las familias exigen justicia?


